Alfred Nobel (y no Nóbel como lo pronuncia todo el mundo) fue un químico e ingeniero sueco nacido en Suecia, Estocolmo, el 21 de octubre de 1833.

De padres suecos, Immanuel Nobel, su padre, era ingeniero e inventor que construyó puentes y edificios en Stockholm y la madre de Alfred, Andrietta Ahlsell vino de una familia adinerada.

Tras formarse en Rusia y en Estados Unidos, donde cursó estudios de ingeniería mecánica. Regresó junto a su padre para ayudar en el negocio familiar, “la frabricación de explosivos”, trabajó elaborando minas, torpedos y otros explosivos. Con sus hermanos Ludwig (1831-88) y Robert (1829-96), perfeccionó la destilación del petróleo y explotó los yacimientos rusos de Bakú.

En 1864 una explosión de nitroglicerina mataba a su hermano pequeño y a otras cuatro personas. A raíz de esta tragedia Alfred se concentró en la tarea de poner a punto un método para manipular con seguridad la nitroglicerina.

Para ello mezcló el explosivo líquido con un material absorbente (la tierra de diatomeas) consiguiendo un polvo que podía ser percutido e incluso quemado al aire libre sin que explotara. La mezcla resultante sólo explotaba cuando se utilizaban detonadores eléctricos o químicos.

En 1867, Nobel consiguió su objetivo: para reducir la volatilidad de la nitroglicerina la mezcló con un material poroso absorbente. Había nacido la “dinamita”.
Durante toda su vida sufrió de mala salud y frecuentemente tomó curas en balnearios. Pero él confiaba y tenía la esperanza en grandes avances en la medicina, y la profesión médica, que desde entonces ha logrado muchos de ellos, por ejemplo las transfusiones de sangre, que él intentó realizar sin éxito.

El trabajo intensivo y sus viajes no ayudaron mucho a darle tiempo a una vida privada. En 1876, poco después de haber cumplido 43 años, estaba sintiéndose como un hombre viejo, entonces, Nobel públicó un aviso en un diario de Francia: “un anciano señor, muy rico y culto, que vive en París, desea encontrar señora de edad madura, versada en los idiomas, como secretaria y se ocupe del funcionamiento de la casa”.

Así conoció a la condesa austríaca Berthe Kinsky. Distinguida, erudita, bella, la mujer cautivó al “anciano señor”, que pronto le propuso matrimonio. Pero su propuesta fue rechazada. La Kinsky fue, tal vez, su único, eterno amor. Despechado, el millonario inventor se refugió aún más en su soledad, y su misoginia ya no lo abandonaría nunca. Tuvo tiempo, sin embargo, para convivir unos meses con una joven florista alemana: una pasión intensa, pero efímera. Después, otra vez la soledad, la reclusión, la lectura obsesiva de Shelley, la escritura de poemas, de dos novelas inconclusas y una obra de teatro.

La grandeza de Alfred Nobel estaba en su habilidad de combinar a la mente penetrante del científico e inventor. Nobel estaba muy interesado en los problemas sociales y paz relacionados y sostuvo lo que fue considerado como las vistas radicales en su época. Él tenía un gran interés en la literatura y escribió su propia poesía y trabajos dramáticos. Los Premios Nobel se volvieron una extensión y un cumplimiento de sus intereses perpetuos.

La experiencia propia hizo que a Nobel le disgustase y no confiase en los abogados y, por ello, en 1895, compuso finalmente su testamento sin la ayuda o asistencia de ningún profesional.

Alfred Nobel murió en San Remo, Italia, el 10 de diciembre de 1896, A esta fecha tenía 335 patentes, sobre las que había creado empresas en unos 90 lugares de diversas partes del mundo. Gran parte del capital de Nobel procedía de sus actividades industriales en Gran Bretaña, Francia, Alemania, Suecia y Rusia.

Fundación NobelCuando su testamento fue abierto hubo como sorpresa que su fortuna sería usada para los Premios en Física, Química, Fisiología o Medicina, Literatura y Paz. Los ejecutores Ragnar Sohlman y Rudolf Lilljequist. Ellos pusieron como formar la Fundación Nobel como una organización, cuidar de los recursos financieros aportados por Nobel para este propósito y para coordinar el trabajo de las Instituciones de Premio-concesión.

Alfred Nobel se mostraba contrario a toda forma de violencia y esperaba que las consecuencias de la aplicación bélica de sus inventos hicieran reflexionar a los gobiernos.