Escritor inglés, nació el 7 de febrero de 1812, en Portsmouth, en el seno de una familia humilde. Pasó la mayor parte de su infancia en Londres y Kent, lugares que aparecieron con frecuencia en sus obras.

Comenzó a asistir a la escuela a los nueve años de edad, pero sus estudios quedaron interrumpidos cuando su padre, un pequeño funcionario afable pero despreocupado, fue encarcelado, en 1824, por no pagar sus deudas.

Con once años tuvo que ponerse a trabajar en una fábrica londinense de tintes. Esta desagradable experiencia, que más tarde describiría, sólo levemente alterada, en su novela “David Copperfield” (1849-50), le produjo una sensación de humillación y abandono que le acompañó aunque la mayor parte de su educación fue autodidacta. Entre sus libros favoritos se encontraban los de algunos de los grandes novelistas del siglo XVIII, como Henry Fielding y Tobias Smollet, cuya influencia se puede percibir con claridad en sus propios escritos.

En 1827 consiguió un trabajo como secretario legal y, tras estudiar durante un breve periodo de tiempo el oficio, se convirtió en periodista en el Parlamento, lo cual le habituó a realizar precisas descripciones de hechos, cualidad que aplicaría posteriormente a su obra narrativa. En esa época conoció a María Beadnell, y se enamoró de ella, pero su familia lo rechazó como pretendiente de la joven, por lo que, tras cuatro años de relaciones, se separaron. Para entonces, él ya estaba trabajando como reportero en una publicación de su tío, The Mirror of Parliament, y para el periódico liberal The Morning Chronicle.

En diciembre de 1833, Dickens publicó, bajo el seudónimo de Boz, la primera de una serie de breves y originales descripciones de la vida cotidiana de Londres en The Monthly Magazine, una revista que editaba su amigo George Hogarth. Tras ello, un editor de la ciudad le encargó un volumen de nuevas notas en este estilo, que debían acompañar a las ilustraciones del famoso artista George Cruikshank. El éxito de este libro, titulado Los apuntes de Boz (1836), le permitió al novelista casarse con Catherine Hogarth en ese mismo año, y le animó a preparar una colaboración similar, esta vez con el conocido artista Robert Seymour.

Cuando Seymour se suicidó, otro artista, H. K. Browne, apodado Phiz, que realizaría más tarde muchas de las ilustraciones de los últimos trabajos de Dickens, ocupó su lugar. El resultado de esta colaboración fue “Papeles póstumos del club Pickwick” (1836-1837), una obra en un estilo muy próximo al de los cómics, cuyo éxito consolidó la fama del novelista, e influyó notablemente en la industria editorial de su país, pues su innovador formato, el de una publicación mensual muy poco costosa, marcó una línea que siguieron otras editoriales.

La fama que le había producido este curioso proyecto se vio ampliada por las siguientes novelas que fue publicando. Hombre de enorme energía y talento, se dedicó a otras muchas actividades. Editó los semanarios “Household News” (1850-1859) y “All the Year Round” (1859-1870), escribió dos libros de viajes, “Notas americanas” (1842) e “Imágenes de Italia” (1846), administró asociaciones caritativas y luchó porque se llevaran a cabo reformas sociales.

En 1842, impartió seminarios en los Estados Unidos en favor de un acuerdo internacional sobre propiedad intelectual y en contra de la esclavitud. En 1843 publicó “Canción de Navidad”, que se convirtió rápidamente en un clásico de la narrativa infantil. Las actividades extraliterarias de Dickens incluían la gestión de una compañía teatral que funcionó hasta la subida al trono de la reina Victoria, en 1851, y las lecturas de sus obras en Inglaterra y en Estados Unidos. Sin embargo, todos estos éxitos se vieron empañados por sus problemas familiares. La incompatibilidad de caracteres y la relación del autor con la joven actriz Ellen Ternan, llevaron a la disolución del matrimonio, en 1858, fruto del cual habían nacido diez hijos.

Murió el 9 de junio de 1870 y fue enterrado cinco días más tarde en la abadía de Westminster. A la vez que maduraba artísticamente, sus novelas se habían ido transformando de cuentos humorísticos, en la línea de Los papeles del club Pickwick.

Entre sus obras más representativas se encuentran “Casa desolada” (1852-1853), “La pequeña Dorritt” (1855-1857), “Grandes esperanzas” (1860-1861) y “Nuestro amigo común” (1864-1865). Otras obras destacadas son “Oliver Twist” (1837-1839), “La tienda de antigüedades” (1840-1841), “Barnaby Rudge” (1841), “Martin Chuzzlewit” (1843-1844), “Dombey e hijo” (1846-1848), “Tiempos difíciles” (1854), “Historia de dos ciudades” (1859) y “El misterio de Edwin Drood”, que quedó incompleta.