A veces los padres manifiestan preocupación al observar que sus hijos se mueven constantemente, no se concentran al hacer las tareas o no respetan normas.

Frecuentemente sus hijos son considerados como “niños problema”, alumnos con problemas de aprendizaje o que dificultan el desarrollo de las clases, siendo rechazados por profesores, compañeros de curso o los propios familiares cuando los visitan.

Los padres no pueden entender qué le sucede a su niño, pues lo consideran inteligente, aunque un poco indisciplinado … pero desde el Colegio les comunican una serie de quejas o la necesidad de buscar la evaluación de un especialista: sicólogo o neurólogo, sin reconocer un motivo que genere esta derivación.

Al ser evaluado por los especialistas, se les refiere un diagnóstico, Síndrome de Déficit Atencional o Trastorno de hiperactividad con Déficit Atencional (nueva denominación para este trastorno). Desde ese momento comienza una serie de dudas, relacionadas con un problema bastante frecuente -pero desconocido- y que genera una serie de temores relacionados especialmente con el manejo de la conducta del niño y la posibilidad de que el médico recete fármacos como “Ritalín “, “Cylert” u otros menos conocidos.

Por tal motivo la necesidad de que los padres conozcan de la enfermedad y su manejo será de gran ayuda para disminuir sus temores y romper con algunos mitos que ésta genera.

El Síndrome de Déficit Atencional es un trastorno de origen desconocido, pero relacionado con el funcionamiento neurológico del niño. Los últimas investigaciones refieren que este problema tendría una alta relación con factores genéticos. Es más, la mayor parte de los niños que manifiestan esta falta de concentración, tienen padres que han sufrido del mismo problema. Sin embargo, la causa todavía es desconocida, pero lo importante a destacar es que se trata de un problema involuntario para el niño … por este motivo es importante empatizar (ponernos en su lugar) con éstos antes de darle un castigo ante su mala conducta.

El Síndrome de déficit de Atención es un patrón conductual que se caracteriza básicamente tres aspectos:

La falta de concentración, la impulsividad y el constante movimiento o hiperactividad, que a veces no se traduce en movimientos amplios sino en agitar el pie constantemente en la silla, lo que dificulta la evaluación.

Su comienzo debe ser temprano, antes de los siete años, y la conducta debe ser frecuentemente comparada a la que se observa en otros niños; por tal motivo la percepción del profesor (su “ojo clínico “) ha sido de gran ayuda debido a su experiencia y la posibilidad de compararlos con otros niños. Por ejemplo, veces a los padres les parece natural que la presencia de gran actividad del niño sea normal, lo que puede dificultar el reconocimiento y tratamiento del problema.

Por lo general, comienza a detectarse al ingreso del niño al sistema escolar , éste tiene que ajustarse a una serie de reglas que le es difícil mantener conductualmente, en especial, mantener una atención constante en una tarea, por lo general nunca llegan con ellas al hogar, se les olvida o no las anotan.

Otra característica importante es que se trata de niños que en algunas oportunidades se muestran demandantes de atención, impacientes y a veces agresivos, su capacidad para relacionarse con sus pares y adultos se muestra deteriorada debido a que se muestran irritables y se involucran en peleas, especialmente cuando son varones. No es que se trate de niños violentos, sino niños con baja tolerancia a la frustración, de bajo desarrollo de habilidades sociales e impulsividad, ellos no reflexionan antes de un golpe. Sólo reaccionan. Este hecho puede involucrar una serie de problemas pues son rechazados por sus compañeros, lo que genera una mayor frustración y baja autoestima, volviendo este problema en un círculo vicioso.

En otras oportunidades son niños pasivos, inteligentes que presentan problemas de aprendizaje por la falta de concentración. Sólo se detecta el problema cuando se les considera niños inteligentes pero que no presentan un rendimiento escolar acorde con sus habilidades, por ejemplo, ante preguntas relacionadas con la comprensión de lectura son capaces de responder de manera lógica y clara, pero con respuestas sin relación a la pregunta realizada por el profesor.

Cómo detectarlos:

El trastorno por déficit de atención es principalmente un cuadro clínico, cuyos criterios diagnósticos son registrados en el DSM IV (manual diagnóstico y estadístico, en su cuarta versión, en el cual se registran los síntomas de los trastornos mentales y que guían los diagnósticos de los profesionales de esta área). Clínico se refiere a que el trastorno se presenta de una manera conductual, observable por un tercero, esto nos ayuda a detectar el problema desde una manifestación en el comportamiento.

Este es un punto importante a considerar, pues el problema se puede presentar de varias maneras: combinado (es decir con hiperactividad y desatención), con predominancia en la desatención , con predominancia en la hiperactividad y no especificado, casos ya manifestados en los ejemplos anteriores.

Los padres deben considerar que no todos los niños que tengan hiperactividad son niños que presentan déficit atencional.

En algunas oportunidades la falta de concentración puede estar relacionada con problemas emocionales (los niños reaccionan de manera distinta la depresión que los adultos por ejemplo); por lo tanto, la falta de concentración debe ser una conducta persistente, elemento importante a considerar pues un problema emocional, puede desencadenar en un trastorno conductual en los niños, pero su manifestación es temporal.

La desatención puede relacionarse con un problema en la audición, disfunción tiroidea, crisis epilépticas como la “ausencia” (un tipo de manifestación conductual de la epilepsia, en el cual la persona no presenta una convulsión excesiva de su cuerpo, sino que se expresa por breves períodos de un bajo nivel de conciencia, “se vuela”) , la hiperactividad, puede estar causada por hipertiroidismo, depresión infantil y la impulsividad por intoxicación por plomo, la que causa daño de tipo neurológico.

Por lo tanto, su detección requiere de una evaluación completa que a veces involucra la aplicación de exámenes médicos, por ejemplo, evaluación auditiva.

Algunos criterios para su evaluación, de acuerdo al DSM IV.

1. Desatención:
No prestar atención a detalles. Por ejemplo, en las tareas escolares, niños que se muestran descuidados, o que cruzan la calle sin mirar.
Dificultades para la mantener atención, incluso en juegos o actividades interesantes para ellos.
Parece que no escuchan
No siguen instrucciones
Evitan realizar tareas que requieren esfuerzo en la atención.

2. Hiperactividad
Mueven excesivamente manos o pies, lo cual es difícil a veces de apreciar pues se trata de un movimiento poco evidente, especialmente cuando se está detras de un escritorio.
Abandona su asiento en clases con frecuencia.
Hablan en exceso

3. Impulsividad
Responden antes de que las preguntas finalicen
No esperan su turno
Interrumpen juegos y conversaciones

Es importante destacar que la presencia de estas conductas deben cumplir con algunos criterios como: una alta frecuencia, de larga permanencia en el tiempo y que afecten en la vida de la persona; en los niños, en su rendimiento escolar , en los adultos en su actividad laboral y en ambos, en el deterioro en sus relaciones personales.

Este trastorno, por lo general continúa en la vida adulta.

Quién evalúa y como tratar el problema:

Por lo general son los padres y profesores quienes detectan el problema.

Quienes realizan el diagnóstico son los pediatras, neurólogos y siquiatras, éstos tienen la facultad de realizar un apoyo con fármacos y los sicólogos, pueden ayudar al niño y a su familia a mantener el control sobre su conducta y manejar la falta de atención.