El más destacado compositor italiano de óperas del siglo XIX, nació el 10 de octubre de 1813 en Roncole, estado de Parma.

Hijo de Carlos Verdi y Luisa Uttini unos campesinos analfabetos. En Busetto, tres personas, de origen, formación y tendenciasdistintos, se interesaron por el joven Verdi; sus condiciones naturales habían despertado su atención. Muy pronto, un mecenas, se hizo cargo de Giuseppe.

Antonio Barezzi, gestor de la Sociedad Filarrnónica de Busetto, destilador de alcohol y comerciante, se propuso con generosidad ayudarle de manera verdaderamente eficaz.

Sus dos primeros maestros estaban verdaderamente cautivados con su alumno, hasta el punto de disputárselo para hacérselo suyo exclusivamente: de un lado el Canónigo Don Seletti, ante el espíritu abierto y evolucionado del joven Verdi, soñaba para él, naturalmente, con el sacerdocio; por otro, el director de la escuela de música de Busetto, maestro de capilla y organista de la Catedral, Ferdinando Provesi, verdadero artista y llamado a presidir los destinos musicales de la pequeña villa.

No es preciso remarcar que en Barezzi, Provesi encontró un apoyo, tan eficaz como sólido, porque comprendió inmediatamente que su deber estaba precisamente en apoyar el esfuerzo del joven y dotado músico. En 1832 fue rechazado por el conservatorio de Milán a causa de su juventud y de que “sus ejercicios no mostraban especiales aptitudes para la música”. Fue discípulo del compositor milanés Vincenzo Lavigna. De regreso a Bussetto en 1833 fue director de la Sociedad Filarmónica.

Juventud

Cuando tenía 25 años Verdi regresó a Milán. Su primera ópera estrenada fue “Oberto conde de San Bonifacio”, en el año 1839 en La Scala sin repercusión alguna. Su ópera cómica “Un giorno di regno” (Un día de reino, 1840) fracasó y Verdi, afectado por las muertes recientes de su mujer Margarita Barezzi y de dos de sus hijos, decide abandonar la composición.

Un año después el director de La Scala lo convence para que escriba “Nabucco” (1842). Así lo hizo en menos de tres meses, y la ópera causó gran sensación, ayudado por el tema de la cautividad de los judíos en Babilonia que era considerado por el público italiano como una alusión a la oposición al gobierno austríaco en el norte de Italia. Apareció la costumbre de aclamar a Víctor Manuel como rey de Italia al decir “Viva Verdi” ya que el nombre del compositor era un acrónimo de la frase “Vittorio Emanuele Rè d’Italia”.

A estas óperas siguieron “I Lombardi alla prima crociata” (1843) y “Ernani” (1844), que gozaron de gran éxito. De las 11 óperas siguientes sólo “Macbeth” (1847) y “Luisa Miller” (1849) se mantienen en el repertorio actual de ópera. “Rigoletto” (1851), “Il trovatore” (1853) y “La Traviata” (1853), que supusieron su consagración, se encuentran entre las óperas más populares de todos los tiempos.

Entre las óperas que escribió en los siguientes años se encuentran “Las Vísperas Sicilianas” (1855), “Simone Bocanegra” (1857) “Un ballo in maschera” (1859), “La forza del destino” (1862) y “Don Carlo” (1867), todas exponen una gran maestría en la caracterización musical. “Aida” (1871), también de este periodo fue encargada por el virrey de Egipto para celebrar la inauguración del Canal de Suéz y su estreno se produjo en El Cairo.

Tres años más tarde compuso su obra no operística más importante el “Réquiem” (1874), en conmemoración de la muerte del novelista italiano Alessandro Manzoni.

Entre las composiciones no operísticas de Verdi cabe citar la cantata dramática “Inno delle nazioni” (1862) y el “Cuarteto para cuerda en mi menor” (1873) así como un “Te Deum”, compuesto a los 85 años y otras obras religiosas. Cuando contaba 70 años y tras un silencio de 13 años después de escribir el Requiem, Verdi compuso tal vez su mejor ópera, “Otello” (1887), con un libreto que el compositor y libretista italiano Arrigo Boito había adaptado hábilmente de la tragedia de William Shakespeare. Le siguió su última ópera “Falstaff” (1893).

Verdi, falleció el 27 de enero de 1901 en Milán, a la edad de 88 años.