Para llegar a la Isla Mocha, en Tirúa nos subimos a una avioneta, y en sólo 12 minutos llegamos a nuestro destino.

Desde el aire, el paisaje de la isla se ve espectacular: grandes y frondosos bosques dan cuenta de que el territorio aún no ha sido explotado por el hombre. Y por suerte tampoco lo será: es una de las 38 reservas nacionales del país, porque tiene una gran cantidad de especies en peligro de extinción: alerces, cipreses, etc. Por eso, los habitantes de la isla ven con peligro el proyecto turâstico que se pretende desarrollar en la zona.

Con los pies puestos en la tierra y una profunda respiración para llenar los pulmones con aire puro, comenzamos nuestra aventura en la Isla Mocha.

“Tengo carretón”

Nuestros anfitriones fueron los profesionales del Servicio País que trabajan en la Isla. Cuando nos bajamos de la avioneta Jorge Barrera, fotógrafo, nos estaba esperando, y nos dijo que como la casa quedaba lejos nos iríamos en carretón.

No era broma. Literalmente nos subimos a la carreta, y en ese momento conocimos a quien se convertirâa en el protagonista de nuestra historia: el Rat÷n. °l es un caballo mampato, medio rebelde: no usa herraduras y se suelta de las riendas cuando quiere, poniendo a los ocupantes de la carreta en serios problemas (sobre todo si no saben c÷mo colocar las riendas, o si no pregúntenle a Jorge Barrera).

En todo caso, el Ratón fue un fiel compaöero durante nuestra estadâa en la isla: tir÷ la carreta para movilizarnos por todas partes, y nos acompaö÷ en nuestra excursión por el bosque.

Necesidades ¿necesarias?

Cosas tan normales para alguien que vive en la ciudad, como tener luz eléctrica todo el día o abarrotes a la mano, en la Isla Mocha se pueden ser un verdadero lujo. Hay electricidad cada 4 horas, gracias a un generador que hay en el colegio; y existen dos almacenes, que no siempre están abiertos, y que venden sóloalgunas cosas, a un precio bastante caro.

En todo caso, con nada se puede describir el estilo de vida de la isla: las personas se movilizan en carretas tiradas por caballos, cultivan sus propios vegetales, y crían todo tipo de animales domésticos para alimentarse.

Oh Dios, no nos envíes tanta lluvia

Para qué decir otra cosa … cuando en la isla Mocha llueve, LLUEVE. Lo vivimos en carne propia cuando se nos ocurrió ir de excursión al lado sur, porque si decimos que quedamos hechos una sopa, es poco.

Pero en todo caso, el esfuerzo valió la pena, porque sin lugar a dudas éste es el lugar más excitante de la Isla. Aquí los bosques son espectaculares, porque –claro- aún no los ha tocado la mano del hombre … y eso se nota. El tamaño de los árboles es increíble, tienen troncos súper añosos, llenos de hongos, enredaderas y líquenes de colores rojos, verdes y cafés. Todo esto, envuelto en humedad, y lleno de sonidos de hojas y de aves, convierten la excursión en una experiencia única e inolvidable.

El Ratón, por supuesto, nos acompañó en nuestra aventura por el bosque, que en la noche llegó a ser aterrador y misterioso: no veíamos absolutamente nada, y escuchamos sonidos que jamás habíamos oído en nuestra vida.

Pero al día siguiente, con el amanecer, el bosque se veía súper distinto: tenía muchos más sonidos, y una luz muy especial hacía que las gotas brillaran en las hojas . Parecía un bosque encantado.