Compositor y dramaturgo alemán, nació en Leipzig el 22 de mayo de 1813. Último de los ocho hijos de Friedrich Wagner, modesto funcionario, y Johanna Pätz.

Fallecido el padre cuando sólo contaba seis meses, su madre volvió a casarse con Ludwig Geyer, actor y pintor aficionado que dejó huella en él, siendo su primer instructor.

Debido a las actuaciones de su hermana mayor Rosalie, y su otra hermana, Klara, cantante, se sintió atraído por el mundo de la escena, en el que conoció textos de los griegos, y teatro de Shakespeare. Este conocimiento, unido a la audición de Beethoven y de algunas óperas de Weber, despertó su interés por la música y, dentro de ella, por la lírica y el mundo de la escena. Aunque tuvo algunos maestros musicales, se le puede considerar en gran parte autodidacta.

En 1829 Wagner asistió a una representación de “Fidelio”, quedando deslumbrado ante las dotes vocales y dramáticas de la soprano Wihelmine Schröder-Devrient (Leonora). Decidió dedicarse a la música ese mismo día.

No destacó como estudiante de piano y el violín. Durante seis meses estudió con Theodor Weinlig, cantor de Santo Tomás de Leipzig. De joven mostró su interés por la literatura, sobre todo clásica, por lo que descubría en la ópera su ideal, puesto que así podría dedicarse a los dos géneros conjuntamente.

Su carrera profesional comenzó a los 20 años, cuando fue contratado como director de coro de Würzburg. Wagner trabajó en una serie de teatros provincianos, con un público de poca categoría. El joven Richard compuso sus primeras óperas para estos teatros, “Las hadas” (Die Feen), en Magdeburgo (1834), “La donna serpente” y “La prohibición de amar” (Das Liebesverbot), estrenada en Magdeburgo (1836).

El 24 de noviembre de 1836, contrae matrimonio con la actriz Minna Planer. Sus deudas acumuladas mientras trabajó en los teatros de Königsberg, Dresde y Riga, lo indujeron a huir del país. París fue su destino; durante la travesía hacia Londres (camino de París) una serie de terribles tempestades le inspiró una nueva ópera: “El holandés errante” (Der fliegende Höllander).

La estancia en París fue un fracaso absoluto para Wagner. Además de no poder estrenar ninguna de sus óperas, hubo de trabajar en reducciones para piano y canto de operas italianas por las que tomó gran aversión. Incluso permaneció un breve tiempo en la cárcel de deudores, puesto que sus deudas se acumulaban rápidamente y los ingresos escaseaban.

Finalmente, fue la ciudad de Dresde la que, gracias a la ayuda de Meyerbeer, aceptó el estreno de “Rienzi”. Wagner abandonó París con amargura, pero con las esperanzas puestas en su propia patria.

Rienzi se estrenó el 20 de Octubre de 1842 con gran éxito, a pesar de su estilo parisiense de gran envergadura (cinco horas). Wagner fue desde entonces un compositor considerado en su patria.

El Teatro Real de Dresde, aceptó “El holandés errante” en 1842-1843. Wagner daba un paso de gran importancia hacia el drama musical al utilizar desde la obertura la unión de temas musicales con los personajes principales, los sentimientos y los hechos del drama, adquiriendo gradualmente la noción de leitmotiv o tema conductor, que sería esencial en la forma de componer sus óperas posteriores. Por otro lado, la influencia de Weber aumenta su interés por el mundo germánico, sobre todo por el mítico y legendario, tan importante en la tradición cultural alemana.

Wagner era un entusiasta político. Participó en el conato de revolución de 1848 en Alemania, a causa de lo cual tuvo que huir a París y después a Zurich.

Entretanto, en 1852, Wagner había conocido al rico mercader Otto Wesendock y a su esposa Mathilde, quienes pusieron a disposición de los esposos Wagner el Asylum, una pequeña casa de campo en Wesendock cerca de Zurich, estancia que inspiró al compositor algunas de sus mejores obras. La relación entre Wagner y Mathilde pronto se convirtió en amor imposible, al que se vieron obligados a renunciar. Su romance quedó plasmado en la apasionada obra “Tristán e Isolda” (1857-1859), uno de los dramas musicales wagnerianos más largos y difíciles de representar.

Cuando el compositor se había retirado a Mariafeld (cerca de Zurich, mayo de 1864) huyendo de sus acreedores se le presentó como un milagro el secretario del gabinete de Luis II para indicarle que el rey, su más ardiente admirador, se sentiría halagado si aceptase ser su invitado. Rápidamente fueron pagadas las numerosas deudas contraídas por el compositor que se instaló cómodamente en una casa cercana a la residencia de verano del rey en Berg. Para él compuso “La marcha del Homenaje”.

El 1 de junio de 1865, se estrenó “Tristán e Isolda” en Munich, mientras Wagner comenzaba su autobiografía “Mi vida” (Mein Leben). Pero se supo que había iniciado relaciones con Cosima Listz y fueron aprovechadas para una intriga cortesana que obligó a Luis II a pedirle que se alejase un tiempo de Munich. Se trasladó a Suiza y, tras la muerte de su esposa Minna en Dresde (1866), se instaló con Cosima en la hermosa villa de Triebschen a orillas del lago de Ginebra, con sus cuatro hijas.

Wagner, pudo trabajar en sus óperas sin preocuparse de sus gastos y en 1867 terminaba “Los maestros cantores de Nuremberg” (Die Meistersinger von Nürnberg); una obra concebida en teoría como ópera cómica, pero que en realidad es una aproximación a las costumbres de la época de los Cantores Gremiales (Meistersingers) alemanes.

Continuó viviendo en Triebschen, donde frecuentemente le visitaba Nietzsche. A lo largo de 1869 terminó “Sigfrido” casi por entero; las últimas páginas las acabaría en 1871. El 22 de septiembre de 1869 presentó “El oro del Rin” en Munich, mientras iniciaba la composición de “El ocaso de los dioses”. Ese poema fue leído por Wagner en Dresde, Zurich y París con notable éxito. Los amigos mostraban su admiración ante la epopeya del héroe germano, si bien ponían ciertos reparos de la viablidad de su representación escénica y la ilación del argumento.

Tras largos años de convivir con Wagner, Cósima se divorcia de Hans von Bülow y se casa con Richard (1870); para su cumpleaños él le compuso “El idilio de Sigfrido”. Por ésta época viajó Wagner sucesivamente a Alemania para preparar el camino de su Fesrspielhaus en Bayreuth y para la fundación de la Sociedad Wagner. El día de su quincuagésimo noveno cumpleaños puso la primera piedra del Teatro de Bayreuth, y al año siguiente realizó una gira de conciertos por Alemania para recoger fondos, y finalmente y gracias a la generosa ayuda de Luis II se pudo terminar.

Ese mismo año (1874) construyó su casa Wahnfried de Bayreuth, a la que se trasladó. En ella terminó “El ocaso de los dioses”, dando fin a la Tetralogía, que fue estrenada formando tres ciclos completos en Bayreuth (1876). Las pérdidas económicas fueron cuantiosas; pero era el espectáculo que todos querían ver. Después del festival, Wagner se trasladó con su familia a Londres. Donde dirigió una serie de conciertos para captar fondos que cubriesen las pérdidas de Bayreuth. Poco después se le presentaron sus primeros problemas de corazón, por lo que se trasladó a Bad Ems (1877) para una cura de salud.

En 1882 Wagner terminó su última ópera, “Parsifal”, en Palermo; tomó como modelo el Parzival de Wolfram von Echenbach (1160-1220 aprox.) quien, a su vez, había sacado el argumento de antiguas leyendas bretonas.

Wagner sufrió un primer ataque al corazón en Berlín (1881) y el segundo en Bayreuth, donde ya repuesto estrenó el 26 de julio de 1882 Parsifal, dando 16 funciones en las que el tercer acto de cada una de ellas fue dirigida por el propio compositor.

Se trasladó a Venecia para recuperar su salud ya muy deteriorada; pero el 13 de febrero de 1883 moría en dicha ciudad. El día 18 fue enterrado en el jardín de Wahnfried, en Bayreuth, donde después se enterró también a su esposa.

Los aspectos más oscuros de la personalidad de Wagner se refieren a la ruda explotación emocional de su familia y de sus seguidores (y a la explotación económica de sus patrones) y especialmente a su antisemitismo, expresado en el panfleto El judaísmo en la música (1850), que, junto con la fuerte identidad germánica de los temas de sus óperas y la grandiosidad de su música, lo convirtieron en un compositor de atractivo único para los nazis en la década de 1930, factor que por asociación de ideas ha empañado su música y ha dificultado seriamente su aceptación durante mucho tiempo.

El Holandés errante de Wagner

El buque fantasma (Il vascello fantasma). Con este título es conocido en Italia y en otros países el Holandés errante (Der fliegende Holländer) ópera romántica en tres actos, libro y música de Richard Wagner compuesta entre 1840 y 1846. la primera representación se efectuó en Dresden en 1843, y en Italia se estrenó en Bolonia en 1877. El argumento es una leyenda nórdica transmitida por los pueblos marítimos del siglo XV, y transcrita en una balada de Heine, afín a la del Judío errante o al mito de Ulises.

¿Qué se dice de la obra?

“La extremada sencillez de este poema aumenta la intensidad del efecto. Todo se halla en su sitio, todo está bien ordenado y guarda su justa dimensión. La obertura es lúgubre y profunda como el océano, el viento y las tinieblas”. (Baudelaire)

“Bajo el influjo de Wagner han sido violadas las leyes que aseguran la vida del canto y la música ha perdido su sonrisa melancólica”. (J.Stravinski)

“Wagner ha representado del modo más expresivo esa inquietud , el pathos trágico e impetuoso de su naturaleza, estilizando en oscuro el Holandés errante, personaje demoníaco, maldito, sediento de paz y de redención. se ha valido de aquellos rasgos para reavivar y dar más color a las figuras; los grandes intervalos en que ondea el canto del protagonista, son los que dan ya una característica impresión de estremecida inquietud”. (Th. Mann)

Óperas:

Las Hadas
La prohibición de Amar
Rienzi
El Holandés Errante
Tannhäusser
Lohengrin
El oro del Rin
La Valquiria
Sigfrido
El Ocaso de los Dioses
Tristán e Isolda
Los Maestros Cantores de Nurenberg
Parsifal