Es un hecho que el hábito de fumar casi siempre se inicia en la adolescencia. La edad promedio de los que comienzan a fumar es de 12 años, de modo que la mayor parte de los adultos que fuman ya eran fumadores a los 14.

Por otra parte, también las estadísticas señalan que los que logran pasar por la edad escolar sin el hábito de fumar, es poco probable que lo sean más adelante. Es por ello que todos los esfuerzos destinados a prevenir este hábito, deben concentrarse en la adolescencia.

A nivel mundial, el 50% de aquellos que comienzan a fumar en la adolescencia y continúan haciéndolo durante la edad adulta, morirán por causas derivadas del hábito de fumar. Eliminar el hábito de fumar es la primera causa prevenible de muerte.

El hábito de fumar trae consecuencias a corto y largo plazo. Entre las primeras está la tos, el incremento de las secreciones bronquiales, la disminución de la capacidad respiratoria, la disminución del rendimiento atlético, el mal aliento, la tinción de los dientes y de los dedos.

Pero son las consecuencias a largo plazo las que más preocupan: la bronquitis crónica, el enfisema pulmonar (que es irreversible), las enfermedades cardiovasculares (infarto), y sobre todo el cáncer del pulmón. Se sabe además que el fumar durante el embarazo, daña el feto y esto se traduce en que el recién nacido es de menor peso y probablemente tenga también cierto daño cerebral.

También las estadísticas señalan que los que fuman durante la adolescencia tienen un mayor riesgo de caer más tarde en el consumo de marihuana y otras drogas. Puede decirse que en general la juventud esta consciente de los riesgos de fumar, pero sin embargo, lo hacen porque se sienten atraídos, ya sea porque creen mejorar su imagen social o porque desean proyectar una imagen de “macho” y de independencia o porque creen tener una mejor aceptación entre sus pares.

Muchas veces les atrae el cigarrillo como una nueva experiencia y porque además sienten que con ella alivian las tensiones. Sin embargo, no tienen conciencia que abandonar el hábito una vez establecido, es extraordinariamente difícil. De hecho, los datos estadísticos disponibles señalan que sólo entre el 5 y 15% son capaces de abandonarlo.